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La Coctelera

Vicisitudes

de un periodista perdido por el mundo

28 Octubre 2008

Vicisitudes moscovitas #3: Sexo, drogas y... 'house'

Y no necesariamente en ese orden. Esas son las tres premisas que se respiraban ayer en la fiesta de inauguración de la Semana de la Moda Rusa. La velada tuvo lugar en el selecto club Феймос (léase Famous), conocido por ser uno de los locales moscovitas que alberga el mayor número de farándula por metro cuadrado.

Una vez superada la aglomeración de fashionistas que se aplemazaba en la puerta, propiamente escoltada por dos armatostes con pinta de mafiosos y un estilista de los más in, me adentro en el paraíso de la lujuria después de que me identifiquen como "el periodistas español" -parece que aquí soy lo bastante "exótico" (equivalente a cool) como para obtener vía libre a esta clase de saraos.

Tras un breve photocall, en el que coincido con tres Barbies eslavas con pretensiones narcisistas, consigo anclarme en la barra, estratégicamente situada en el centro de una sala decorada con espejos al más puro estilo rococó. Gin-tonic en mano y con unos cientos de rublos menos en la cartera, diviso el túnel que me llevará hasta la luz (de los neones), donde reside el verdadero país de las tentaciones.

#1: Sexo

Rodeado de luminosos que recuerdan a la cuadrilla de noctámbulos danzantes la fortuna de ser famous, decido quedarme en el candelero por siempre jamás -o al menos durante esta noche. A ambos lados, dos copas de Martini a escala 1.000:1 sirven de pódium a dos jóvenes sirenas que exhiben sus danzas viperinas con poco más que un tanga de lentejuelas y una máscara veneciana. Mi mente se traslada por un instante a la orgía de la obra póstuma de Kubrick, Wide Shut Eyes.

Sobre mí, se elevan dos enormes cadaveras, que rompen el mito de la clásica bola de discoteca. Y sobre ellas, dos maniquíes combinan acrobacias y sensualidad al ritmo de los láseres y la música.

Y por si el nivel de lascivia todavía no ha quedado saciado, dos gogós angelicales ataviadas a lo Victoria’s Secret se deslizan por una pasarela de metracrilato, cuyo espectáculo de agua, luz y color supondría un serio competidor a la Font Mágica de Barcelona o a las fuentes del Bellagio en Las Vegas.

En la zona habilitada para la todavía más Very Important People que acceden a Famous, una pantalla de plasma anuncia la actución de la vedette, y ex del polémico cantante Marilyn Manson, Dita Von Teese el 7 de noviembre.

#2: Drogas

Por todos es sabido que el mundo de la noche, la moda y las caras conocidas vive envuelto en un constante halo blanco, que no es más que el rastro de cocaína va quedando. Famous está plagado de devoradores del ocio nocturno, matutino y vespertino. Sus caras lo indican. Su éxtasis, también. El halo de nieve está presente.

Y entre tanto copito blanco, el descontrol. Aquellas tres Barbies que a la entrada posaban ante los fotógrafos con facciones estudiadas, ahora se sueltan la melena y pierden –sólo un poco- las formas ante la atenta mirada de las cámaras.

#3: ‘Rock’n’Roll’ ‘House’

Un disc-jockey, elevado como el dios de las corcheas; un séquito de gogós, de ninfas; y la multidud. El ritmo hipnótico del house hace vibrar no sólo al público, sino también las instalaciones. Atrás quedó Elvis y su rock’n’roll electrizante.

DJ Tiësto, David Guetta o David Morales. Ellos son los nuevos reyes de la música. Ellos son los verdaderos herederos de tan preciado trono. Ellos son los únicos capaces de mover a su antojo a tal amasijo de caras bonitas con carteras repletas. Ellos, las drogas y el sexo... por supuesto.

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25 Octubre 2008

Vicisitudes moscovitas #2: Vodka, el metro y Paris Hilton

Dicen del vodka que es la bebida oficial de Rusia. Y no es de extrañar; en los supermercados se le dedica una sección al completo, que abarca tipos de vodka tan variopintos como el de esencia de ballas o de pino. Los precios del producto nacional por excelencia son tan diversos como los gustos que deleitan a los paladares eslavos: desde botellas de litro a poco más de tres euros hasta destilados exclusivos, también a tres euros... el centilitro.

A lo largo de la historia, los rusos han desarrollado cierta dependencia del vodka. Unos culpan de ello a los duros inviernos, mientras que otros señalan al imparable demonio del capitalismo como la principal causa del constante nivel de alcohol en sangre que presenta gran parte de la población. Lo cierto es que la mayoría de rusos disfruta de esta agüita (según la traducción literal de la palabra vodka) como si de un refrigerio cualquiera se tratara.

La tradición dicta que el vodka debe beberse de un trago y acompañado de un brindis. Y es curioso que uno de los gritos más populares en Rusia sea el clásico На здоровье! (¡Salud!) cuando el alcoholismo se ha convertido en una de las principales causas de muerte del país.

La cultura de la bebida se respira en cada recoveco de Moscú. El botellín de пиво o cerveza es el acompañante predilecto de todo ruso a cualquier hora del día y en cualquier lugar de la ciudad. Aunque el metro y el atardecer parecen ser el lugar y el momento más indicados para que un forastero como yo se embriague del dulce edor etílico que desprende esta particular especie de homínido. Si cuando vamos a una discoteca española, nos quejamos de que olemos a tabaco durante toda una semana, en el metro moscovita diríamos lo mismo, pero aplicado al alcohol.

Mis mucosas nasales todavían no han conseguido olvidar el olor a vodka, cerveza y otros derivados que inspiran en cada uno de los trayectos urbanos realizados en estas dos últimas semanas. Ya he dado por perdida la cruzada personal por evitar la compañía de un borracho en el transporte metropolítano. Y dispuesto a ignorar la presencia de estos señores con forma de botella Smirnoff andante, opto por la solución fácil: conectarme a mi iPhone (¡qué grande es Steve Jobs!).

En uno de esos momentos de evasión parcial del mundo, un tema del primer álbum de la polémica desheredada del imperio Hilton, Paris, se apoderó de mi iPhone. Con tal hilo musical, mi mente se trasladó a una reciente conversación que mantuve con Darren Lynn Bousman en la última edición del Festival de Cine Internacional de Sitges. El director de Repo! The Genetic Opera, película en la que Paris Hilton forma parte del elenco de actores, me confesaba que la mediática rubia de oro es una chica normal, divertida y muy inteligente. El problema, según Bousman, es que los paparazzi la persiguen las 24 horas del día y tan sólo publican las imágenes que van en detrimento de su imagen rigiéndose tan sólo por criterios comerciales. El argumento no es del todo descabellado, y quizá el joven director tiene razón y la Hilton no es más que una chica del montón. Al fin y al cabo, responde bastante al perfil de nouvelle riche rusa: escuálida, pija y multimillonaria -con la diferencia de que ella ya nació así. Y de éstas hay unas cuantas en Rusia, país que alberga el mayor número de millonarios del mundo.

De todas maneras, no me hagan demasiado caso porque seguro que mis neuronas alcanzaron esas conclusiones intoxicadas ya por el constante edor etílico que invade los vagones del metro de Moscú.

Concluyo con un apunte cultural: Nunca se debe declinar la invitación a una copa de vodka si no se quiere ofender al anfitrión. ¿Se entiende ahora el porqué de tanto alcóholico en Rusia?

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23 Octubre 2008

Vicisitudes moscovitas #1: Moda, caos y una rueda de prensa

Por todos es sabido que el mundo de la moda desprende superficialidad por cada pespunte y remate de sus prendas. Pero esta perogrullada se ve exponenciada cuando se traslada a Moscú, hogar de 12 millones de personas y pasarela cotidiana de las mujeres con las piernas más largas del mundo –estilizadas, siempre, con tacones vertiginosos.

Con tal percal, Moscú tenía que ser una de las capitales de la moda junto a las ya consolidadas París, Nueva York o la reciente Barcelona. Curtido con unas cuantas ediciones de las ferias Bread&Butter y 080 Barcelona a mis espaldas, y a las puertas de cubrir en febrero la gloriosa New York Fashion Week, necesitaba una dosis de superficialitis aguda y, casualidades de la vida, mi paso por Moscú coincide con la Semana de la Moda Rusa o la Российская Неделя Моды para los eruditos de esta lengua eslava.

Tras unas cuantas llamadas y otros tantos correos, ayer recibí una carta de bienvenida, firmada con puño y letra del mismísimo viceministro de Cultura, acompañada de una invitación a la rueda de prensa que abriría la Semana de la Moda de Moscú, el acontecimiento que siete días más tarde amplía el abanico de modelitos a escala nacional.

El lugar de la cita era la sala Savva Morózov del Metropol, uno de los hoteles predilectos de los nouveaux riches rusos y empresarios extranjeros que visitan la matrioshka madre de Rusia. A la entrada, un arco de seguridad, y acto seguido una exuberante fémina que, como si de una discoteca selecta se tratara, se encarga de controlar las caras que acceden al recinto tras espetar un escueto “имя и средства” (nombre y medio).

El abrigo, completamente estudiado para la ocasión, se queda en el guardarropía del hall, y mi cuaderno, mi boli y yo tomamos el ascensor, escoltados por varias reporteras –todas merecedoras de un programa en MTV– y algún que otro cámara rezagado de las principales televisiones nacionales, y de Fashion TV, una de las empresas promotoras del acontecimiento.

Ya en la sala Savva Morózov, algo me llama la atención. Si lo normal en una rueda de prensa es que las cámaras se sitúen al fondo, detrás de los puestos habilitados para los periodistas, en Rusia pasa todo lo contrario. Con un batallón de cámaras y micros ante nuestras narices, los periodistas afortunados que se han hecho con una silla disfrutan de un ángulo de visión cero, y el resto, de pie, también. Después de las breves intervenciones de los convocantes, se abre el turno de preguntas a la prensa. Sistema: se planta un micro en el centro de la sala y quien lo desea se levanta a lanzar sus dudas y a esperar las respuestas de entes invisibles. ¡Menos mal que la barra libre al fondo de la sala hace la velada más apacible!

Una hora más tarde y con mis notas bajo el brazo, una rusa muy rusa nos informa de que a la salida debemos recoger las acreditaciones para el evento. Y llegó el caos. Dos pares de tacones acumulan una montaña de papeles con acreditaciones que en breve me percataría de que no estaban ordenados alfabéticamente. Una avalancha de periodistas abruman a las jóvenes –un tanto incompetentes, la verdad sea dicha– con un grito unísono: “Девушка!” (¡Oiga, señorita!). Ellas, ni caso. Nosotros, seguimos gritando. Me viene a la cabeza la clásica escena de la bolsa de Nueva York.

Media hora más tarde, consigo llamar la atención de uno los “serviciales” pares de tacones, que me sorprende con un “su acreditación todavía no está lista”. Sin embargo, me asegura que la recibiré a tiempo para los desfiles. Y tras recibir innumerables empujones, varios pisotones (con tacones de aguja, ¡como no!), abandono el lujo del Metropol sin acreditación física para la Semana de la Moda, pero con el teléfono de una rusa, periodista... y con tacones.



Última hora (23/10/08): Ya me he hecho con la acreditación física para la Semana de la Moda Rusa y además he conseguido que incluyan mi nombre en la lista VIP de las fiestas más "in". Como dicen los rusos: Прикольно! -o ¡Genial! para los mortales del universo hispano.

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Este cuaderno de bitácora recoge las vicisitudes cosmopolitas de un periodista al que le gusta viajar y que viaja por ser periodista. ¡Disfrútalo!

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