Por todos es sabido que el mundo de la moda desprende superficialidad por cada pespunte y remate de sus prendas. Pero esta perogrullada se ve exponenciada cuando se traslada a Moscú, hogar de 12 millones de personas y pasarela cotidiana de las mujeres con las piernas más largas del mundo –estilizadas, siempre, con tacones vertiginosos.

Con tal percal, Moscú tenía que ser una de las capitales de la moda junto a las ya consolidadas París, Nueva York o la reciente Barcelona. Curtido con unas cuantas ediciones de las ferias Bread&Butter y 080 Barcelona a mis espaldas, y a las puertas de cubrir en febrero la gloriosa New York Fashion Week, necesitaba una dosis de superficialitis aguda y, casualidades de la vida, mi paso por Moscú coincide con la Semana de la Moda Rusa o la Российская Неделя Моды para los eruditos de esta lengua eslava.

Tras unas cuantas llamadas y otros tantos correos, ayer recibí una carta de bienvenida, firmada con puño y letra del mismísimo viceministro de Cultura, acompañada de una invitación a la rueda de prensa que abriría la Semana de la Moda de Moscú, el acontecimiento que siete días más tarde amplía el abanico de modelitos a escala nacional.

El lugar de la cita era la sala Savva Morózov del Metropol, uno de los hoteles predilectos de los nouveaux riches rusos y empresarios extranjeros que visitan la matrioshka madre de Rusia. A la entrada, un arco de seguridad, y acto seguido una exuberante fémina que, como si de una discoteca selecta se tratara, se encarga de controlar las caras que acceden al recinto tras espetar un escueto “имя и средства” (nombre y medio).

El abrigo, completamente estudiado para la ocasión, se queda en el guardarropía del hall, y mi cuaderno, mi boli y yo tomamos el ascensor, escoltados por varias reporteras –todas merecedoras de un programa en MTV– y algún que otro cámara rezagado de las principales televisiones nacionales, y de Fashion TV, una de las empresas promotoras del acontecimiento.

Ya en la sala Savva Morózov, algo me llama la atención. Si lo normal en una rueda de prensa es que las cámaras se sitúen al fondo, detrás de los puestos habilitados para los periodistas, en Rusia pasa todo lo contrario. Con un batallón de cámaras y micros ante nuestras narices, los periodistas afortunados que se han hecho con una silla disfrutan de un ángulo de visión cero, y el resto, de pie, también. Después de las breves intervenciones de los convocantes, se abre el turno de preguntas a la prensa. Sistema: se planta un micro en el centro de la sala y quien lo desea se levanta a lanzar sus dudas y a esperar las respuestas de entes invisibles. ¡Menos mal que la barra libre al fondo de la sala hace la velada más apacible!

Una hora más tarde y con mis notas bajo el brazo, una rusa muy rusa nos informa de que a la salida debemos recoger las acreditaciones para el evento. Y llegó el caos. Dos pares de tacones acumulan una montaña de papeles con acreditaciones que en breve me percataría de que no estaban ordenados alfabéticamente. Una avalancha de periodistas abruman a las jóvenes –un tanto incompetentes, la verdad sea dicha– con un grito unísono: “Девушка!” (¡Oiga, señorita!). Ellas, ni caso. Nosotros, seguimos gritando. Me viene a la cabeza la clásica escena de la bolsa de Nueva York.

Media hora más tarde, consigo llamar la atención de uno los “serviciales” pares de tacones, que me sorprende con un “su acreditación todavía no está lista”. Sin embargo, me asegura que la recibiré a tiempo para los desfiles. Y tras recibir innumerables empujones, varios pisotones (con tacones de aguja, ¡como no!), abandono el lujo del Metropol sin acreditación física para la Semana de la Moda, pero con el teléfono de una rusa, periodista... y con tacones.



Última hora (23/10/08): Ya me he hecho con la acreditación física para la Semana de la Moda Rusa y además he conseguido que incluyan mi nombre en la lista VIP de las fiestas más "in". Como dicen los rusos: Прикольно! -o ¡Genial! para los mortales del universo hispano.