Dicen del vodka que es la bebida oficial de Rusia. Y no es de extrañar; en los supermercados se le dedica una sección al completo, que abarca tipos de vodka tan variopintos como el de esencia de ballas o de pino. Los precios del producto nacional por excelencia son tan diversos como los gustos que deleitan a los paladares eslavos: desde botellas de litro a poco más de tres euros hasta destilados exclusivos, también a tres euros... el centilitro.
A lo largo de la historia, los rusos han desarrollado cierta dependencia del vodka. Unos culpan de ello a los duros inviernos, mientras que otros señalan al imparable demonio del capitalismo como la principal causa del constante nivel de alcohol en sangre que presenta gran parte de la población. Lo cierto es que la mayoría de rusos disfruta de esta agüita (según la traducción literal de la palabra vodka) como si de un refrigerio cualquiera se tratara.
La tradición dicta que el vodka debe beberse de un trago y acompañado de un brindis. Y es curioso que uno de los gritos más populares en Rusia sea el clásico На здоровье! (¡Salud!) cuando el alcoholismo se ha convertido en una de las principales causas de muerte del país.
La cultura de la bebida se respira en cada recoveco de Moscú. El botellín de пиво o cerveza es el acompañante predilecto de todo ruso a cualquier hora del día y en cualquier lugar de la ciudad. Aunque el metro y el atardecer parecen ser el lugar y el momento más indicados para que un forastero como yo se embriague del dulce edor etílico que desprende esta particular especie de homínido. Si cuando vamos a una discoteca española, nos quejamos de que olemos a tabaco durante toda una semana, en el metro moscovita diríamos lo mismo, pero aplicado al alcohol.
Mis mucosas nasales todavían no han conseguido olvidar el olor a vodka, cerveza y otros derivados que inspiran en cada uno de los trayectos urbanos realizados en estas dos últimas semanas. Ya he dado por perdida la cruzada personal por evitar la compañía de un borracho en el transporte metropolítano. Y dispuesto a ignorar la presencia de estos señores con forma de botella Smirnoff andante, opto por la solución fácil: conectarme a mi iPhone (¡qué grande es Steve Jobs!).
En uno de esos momentos de evasión parcial del mundo, un tema del primer álbum de la polémica desheredada del imperio Hilton, Paris, se apoderó de mi iPhone. Con tal hilo musical, mi mente se trasladó a una reciente conversación que mantuve con Darren Lynn Bousman en la última edición del Festival de Cine Internacional de Sitges. El director de Repo! The Genetic Opera, película en la que Paris Hilton forma parte del elenco de actores, me confesaba que la mediática rubia de oro es una chica normal, divertida y muy inteligente. El problema, según Bousman, es que los paparazzi la persiguen las 24 horas del día y tan sólo publican las imágenes que van en detrimento de su imagen rigiéndose tan sólo por criterios comerciales. El argumento no es del todo descabellado, y quizá el joven director tiene razón y la Hilton no es más que una chica del montón. Al fin y al cabo, responde bastante al perfil de nouvelle riche rusa: escuálida, pija y multimillonaria -con la diferencia de que ella ya nació así. Y de éstas hay unas cuantas en Rusia, país que alberga el mayor número de millonarios del mundo.
De todas maneras, no me hagan demasiado caso porque seguro que mis neuronas alcanzaron esas conclusiones intoxicadas ya por el constante edor etílico que invade los vagones del metro de Moscú.
Concluyo con un apunte cultural: Nunca se debe declinar la invitación a una copa de vodka si no se quiere ofender al anfitrión. ¿Se entiende ahora el porqué de tanto alcóholico en Rusia?

Estratosferico el paladar de los moscovitas, el mundo se conoce por aventureros de tal calibre que hacer ver, la realidad de las formas de vivir en el mundo esférico. Eres increible, las redaciones bien contadas , a mi, personalmente me hace sorprender de que manera vive la urbe.soy un seguidor tuyo que te admira.! Cuidadin con los wozqueros y las rusas ! Saludos
Vaig sentir una vegada que la Paris era, en el fons, una gran empresaria. De fet no ha fet res més que crear-se una imatge que mou milions de dòlars cada setmana. Segur que la imatge de "rossa tonta" no és res més que això, una figura inventada que ha sabut aguantar i que s'ha convertit en una gran font d'ingressos.
La russa novarica que es passeja per moscú amb pantalons brodats, sabates estridents i bosses de gucci que semblen sortides dels outlets de fa 10 anys no és una visió sinó una realitat. Però tots sabem que no és difícil confondre la realitat i la ficció, sobretot si reguem a la russa amb uns quants xupitos de vodka...
@Apostata: Mil gracias. Es por gente como tú que uno ve su trabajo recompensado. Espero que sigas disfrutando de mis crónicas durante mucho tiempo. ¡Un saludo!
@STF: Tens tota la raó. Paris Hilton no és més que un producte i, simplement per això, dubto que sigui tan poc intel·ligent com diuen...
divina